Cocaína - Nadie Incendia El Mundo

Nadie Incendia El Mundo es el tercer disco de esta popular agrupación de rock nacional, esta vez puliendo más su sonido y entregando un disco bastante aceptable en comparación con el irregular editado hace dos años: 14 Baladas, Entregas Breves De Amor Y Desarraigo.

Este nuevo trabajo ha sido producido por la misma banda en compañía de Eddie Plenge del estudio Dragón Verde. Así mismo, ha contado con las colaboraciones musicales de José Javier Castro (El Aire) en la guitarra adicional del corte “La Fragmentación”; y de Mariel y Susana Cebrián (Gomas) en los coros de la canción “Koala”.

La escultura en llamas que aparece en la portada, llamada “El Rayo”, es obra del artista Juan Javier Salazar y fue hecha exclusivamente para esta ocasión. Luego de colocarle fósforos en incontables agujeros, le prendieron fuego para que el fotógrafo Musuk Nolte se encargara de inmortalizarla en una impresionante toma final. No cabe duda que en este sentido, la banda siempre se ha preocupado por entregar un buen trabajo.

Con respecto al nombre del disco, fiel al estilo temático que suelen adoptar, Nadie Incendia El Mundo se extrajo de un poemario de la escritora limeña Victoria Guerrero, el cual significa para ellos fuerza y desafío.

Analizando la parte sonora y remontándonos un poco al pasado, una de las razones por las que Cocaína sorprendió con su primer disco autotitulado es la crudeza, la locura y euforia que representaban esas canciones decadentes de sucio rock and roll, que escupían fuzz con una velocidad impresionante y que nos invitaban a odiar a los falsos rastas.

#RockPeruano. ¿Cuál es tu disco preferido de Cocaina?1. Cocaína (2012)2. 14 Baladas, Entregas Breves De Amor Y Desarraigo (2014)3. Nadie Incedia El Mundo (2015)

Publicado por Muki Records on jueves, 4 de febrero de 2016

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Esa pendejada que mostraban para decirnos las cosas de manera fulminante y la manera arrebatada de aporrear sus instrumentos, conquistaron a la crítica nacional y a los miles de fans que los siguen fielmente. No importaba si el vocalista desafinaba terriblemente, el espíritu visceral de aquel elepé quedará en todos nuestros corazones como uno de los mejores discos nacionales en lo que va de los 2000.

El segundo disco llegó en el 2014: 14 Baladas, Entregas Breves De Amor Y Desarraigo, y se trató de la musicalización del poema Ave Soul (1973), del conocido poeta Jorge Pimentel. Aquí, aunque la idea era bastante creativa y tuvo un cálido recibimiento por parte de los medios, para quien escribe se trató de un duro resbalón, ya que se perdían muchos elementos característicos de la banda, incluyendo esa chispa explosiva que tenía el primer lanzamiento, haciéndolo un disco bastante aburrido. Muchos lo llamaron evolución, pero creo que hay que tener mucho cuidado con esa palabra, no todo lo que suena diferente es evolución, ni mucho menos madurez.

Para este nuevo trabajo, la banda ha recuperado un poco de esa potencia perdida, aunque sigue quedando lejos de volver a su espíritu original. No obstante, estamos ante un disco diferente, donde sí se nota una madurez como banda y donde hay evidencia de un trabajo más pensado, con más control.

También es de destacar que aquí se ha experimentado con mayor diversidad de sonidos, algo que les ha jugado tanto a favor como en contra. De todas maneras, ese profesionalismo que han querido lograr ha hecho que pierdan fuerza, dejando la sensación de que algo falta, algo sigue sin cuajar.

La placa da inicio con “Otro Sol”, canción donde desde el comienzo se vislumbra una mejor estructuración, aunque las guitarras hayan perdido frescura y agresividad para volverse más experimentales y técnicas. El cambio de ritmo a los 3:40 minutos ayuda en algo a levantar el denso avanzar del tema, al igual que la esforzada vocalización del cantante, que no parece perder de todo el rumbo. Aunque no era lo que esperábamos, marca un inicio aceptable.

“Infraestructura” se abre camino en una descarga acelerada de rock and roll, que si bien devuelve algo de potencia perdida, no convence del todo, convirtiéndose incluso en una irritante y poco agradable manera de volver a sus raíces.

Algo que también sucede con la siguiente canción, “Koala”, donde la banda experimenta con una línea bastante pop. A pesar que fue recibida con bombos y platillos por parte de la crítica, considero que se trata de uno de los puntos más bajos del disco. Por lo demás, una canción totalmente olvidable.

Seguimos avanzando; esta vez con “Gunnison Colorado”, el tema que me ha devuelto la esperanza perdida en las primeras tres. La genialidad ha regresado, sobretodo en ese ingenioso inicio de ritmo acelerado, además de la voz desgarradora y guitarras punzantes que luego se desenvuelven de manera imponente en un corte lleno de sonoridades provocadoras y excitantes. Este es sin dudar uno de los puntos más altos y refleja el camino que debería tomar la banda para una próxima producción.

A continuación escuchamos “Industriado”, una pieza que me ha sorprendido bastante, tanto por la belleza de su melodía como por su aura apacible. Aquí Cocaína demuestra que también pueden ser experimentales sin caer en lo pomposo,  empleando diferentes capas de efectos ruidosos que crean atmósferas que dan color a la melodía envolvente. Así mismo, representa un respiro necesario para continuar y no suicidarnos en el intento.

“Alabarda” es un nuevo (y fallido) intento de musicalizar un poema de (nuevamente) Jorge Pimentel. Aquí el disco vuelve a caer luego de dos temas interesantes.

Luego, “Siaht” no mejora para nada las cosas; es más, con seguridad estamos ante una de las canciones más insoportables y desesperantes del rock peruano de todos los tiempos. Aquí se fue por la borda cualquier buen calificativo que pude tener. Totalmente desastrosa. Disculpen la sinceridad, pero tengo que adelantar forzosamente de canción.

Después de un gran bajón con dos canciones para el olvido, llegando casi al final nos topamos con “La Fragmentación”. Aquí sí que ha regresado la velocidad, la crudeza y el espíritu demoledor de la banda que conocimos en el 2012. Una acelerada descarga de punk rock de guitaras violentas, batería atronadora y una impecable interpretación por parte del vocalista, cuya garganta parece explotar a punta de acojonantes gritos. Aquí la banda nos entrega su mejor momento, además de la infalible colaboración de J. J. Castro (El Aire). Como para hacernos saber que ellos aún no se han olvidado de sus raíces.

Seguido llega “Estío”, canción basada en haikus de Basho y Buson, donde a pesar de algunos malos momentos, deja un buen sabor y abre paso para el final que llega con “Crossroads”, donde nuevamente se hace presente el espíritu rockero visceral de la banda. Aquí no tengo nada malo que decir, se han lucido en todo sentido y han entregado una excelente canción que hace justicia al disco y pone punto final como se debe.

Fotos de la presentación de Nadie Incendia El Mundo

x Musuk Nolte

Publicado por Cocaina on lunes, 1 de febrero de 2016

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No quedan muchas palabras por decir. Definitivamente no estamos ante el mejor disco de Cocaína. El hecho de querer sonar “maduros” ha logrado que se pierda solidez haciendo que el disco no funcione como unidad. A pesar de contar con grandes momentos de inspiración, estos rápidamente se ven opacados por algunas de las canciones más malas que haya hecho la banda, obteniendo un resultado desigual y bastante irregular.

De todas maneras, es preferible tomar a Nadie Incendia El Mundo como un disco de transición, en el cual la banda está dispuesta a experimentar en búsqueda de su sonido definitivo. Creo que habrá que esperar un par de años para darles una nueva oportunidad de sorprendernos como lo hizo con su añorado primer disco, o con un álbum de sonido más compacto.


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